sábado, 4 de febrero de 2012

El día en que las mariposas se transformaron en gotas de agua

Cuando era niña los Lunes solían llover mariposas de diversos colores, una vez le pregunté a mi padre si no le gustaba verlas pero él solo se mofó diciendo que eran imaginaciones mías, me dijo que debía olvidarme de esas ninfas que por la noche me cantaban bellas nanas para conciliar mi sueño.
Pero me causaba tristeza olvidar esos cantos que acariciaban mi alma jugando con mi somnolencia. Me costaba creer que mi padre no se diese cuenta de ese mundo que se escondía de la luz ignorante de la madurez. Decepcionada por tener que asesinar memorias que se negaban a perderse en el agujero de la germinación humana, decidí preguntarle a mi gato.
Él me explicó que las mariposas siempre lloverían aunque nuestros ojos no pudieran palparlas y en mucha medida se trataba de querer verlas. La gente está ocupada con cosas materiales y solo quieren saciar sus caprichos, hay poca gente que puede admirar la lluvia de mariposas. Pero el mayor desafío no es verlas, es darles vida.
Mi gato, a diferencia que mi padre, me dijo que no tratara de matarlas sino de plasmarlas con tinta escarlata y que sedujera las visiones de otros para que soñaran con cada matiz de mi locura. Para que pudieran contemplar cada pequeño color de aquellas hermosas alas.
Al final me di cuenta de que mi gato siempre tenía la mirada llena de decepción porque la mayoría de la gente es una marioneta de falacias antiguas y de que mi padre era una tumba de rosales.
Pero por desgracia yo siempre había sido una sepulturera que cazaba sueños o, más bien, una escritora que sepultaba sus sueños y por eso llegó un momento en que yo tampoco vi llover mariposas.
Desde ese día no volví oír hablar a mi gato y las noches de insomnio se hacen eternas.
Creo que ese día me hice un poco menos persona para hacerme un poco más marioneta.

1 comentario:

  1. Ninguna persona debería perder la oportunidad de disfrutar de la inocencia de un sencillo coloquio sobre mariposas caleidoscópicas con su gato. Para desgracia de muchos y regocijo de bien pocos, al parecer, se trata de un don que bien pocos poseen. Desgraciadamente.
    Meredith

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