Las cosas no ocurren por casualidad. Si ocurren es porque tenían que ocurrir.
El destino de las personas es un continuo y no se puede interrumpir; cualquier cosa que ocurra en la vida tiene un porqué, aunque no lo sepamos.
El destino está marcado por los vínculos que crean con otras personas. Por ínfimo que sea, por poco que dure, aunque no permanezca en la memoria ni de él quede constancia, el vínculo establecido entre dos personas jamás se podrá borrar… Si ese vínculo se creó es porque tenía que crearse.
El destino de las personas es un continuo y no se puede interrumpir; cualquier cosa que ocurra en la vida tiene un porqué, aunque no lo sepamos.
El destino está marcado por los vínculos que crean con otras personas. Por ínfimo que sea, por poco que dure, aunque no permanezca en la memoria ni de él quede constancia, el vínculo establecido entre dos personas jamás se podrá borrar… Si ese vínculo se creó es porque tenía que crearse.
Aunque no sepamos por qué.
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