-¡¿Cuál es el problema?!- preguntó ella ciertamente ofendida.
No podía decírselo. Nunca podría decirle que él sabía la verdad... todos la creían la perfecta y modosita niña buena, pero él sabía que bajo la superficie había una mujer divertida y apasionada, que nunca sería despreocupada ni ligera; un capullo de lirio aun sin abrir, un pecado sensual y salvaje en la misma proporción, un equilibrio perfecto... Sacudió la cabeza.
-Vamos Dana, no te pongas así, todos lo sabemos, todos sabemos que eres demasiado buena e inocente.
-Pero eso no es verdad, nunca me habéis dado la oportunidad de demostrar lo contrario, nunca os habéis parado a pensar que tal vez tras mi máscara de niña "que nunca ha roto un plato en su vida" se esconda una chica juguetona y lujuriosa.
Mientras decía esto se fue acercando lenta y sensualmente a Marco hasta quedar prácticamente pegados. Estaba tan cerca de ella que podía ver perfectamente todas las emociones que pasaban por su cara: interés, deseo, impaciencia, miedo, duda e incluso un pequeño temblor.
-Tal vez tengas razón-rió él- puede que tengas controlado lo de ser juguetona, pero con el tema de la lujuria tienes más problemas.
-Tal vez tengas razón- replicó Dana sin apartar la mirada de los oscuros ojos de él- tal vez me aparte de ello o tal vez sean los hombres los que piensen que una mujer como yo no está en absoluto interesada en la lujuria.
Marco tragó saliva y dio un paso atrás, lo suficiente para evitar la tentación de agarrarla. Pero no pudo evitar que ella se acercara a él, tanto que su cuerpo estaba casi pegado al suyo. Sentía su mano arder sobre el brazo y los labios levantados hacia él. Tal vez hubiera tenido fuerzas para resistirse, pero antes de poder reunirlas, ella se apretó contra él, lo obligó a bajar la cabeza y poniéndose de puntillas, lo besó.
El beso fue caliente y profundo. Pura lujuria descontrolada, Marco intentó apartarse, pero ella lo siguió hasta acorralarlo contra la encimera. Sólo entonces se rindió él por completo, abriendo la boca contra su insistencia. En cuanto sintió su lengua penetrar entre sus labios, supo que estaba perdido.
Un segundo más tarde, sus manos volaban sobre el cuerpo de Dana. La agarró por la cintura y la levantó para sentarla sobre la encimera. Cada vez que la tocaba ella sentía descargas de placer por todo el cuerpo: el aire frío contra su piel, el tacto áspero de sus dedos callosos.... eran los dedos ágiles y trabajados de un guitarrista. Dana deseaba sentir sus manos por todas partes; sobre el cuello, sobre los pechos, entre sus piernas.
Encerró a Marco entre sus piernas y lo atrajo más hacia sí. Tenía el vestido subido casi hasta la ingle y notaba el roce de sus vaqueros contra la cara interna de sus muslos. Aquello le cortaba la respiración.
Él le acarició la mejilla con los labios y después la besó, el beso más cálido y húmedo de los que le había dado hasta ese momento. El calor y el deseo crearon un torbellino dentro de su cuerpo que se concentró en su entrepierna haciéndola palpitar de necesidad. Como si supiera exactamente lo que ella deseaba, él la agarró por las caderas y la empujó contra si, lo que la hizo gemir.
Podía sentir su miembro viril duro bajo sus pantalones y sus finas medias de seda no eran barrera para el calor que transmitía la erección.
De repente, ansiosa por sentir la piel de Marco contra la suya, le desabotonó la camisa y descubrió un cuerpo endurecido y unos músculos bien definidos. Entonces Dana sintió las manos de Marco en su espalda, en su cremallera. Con un solo movimiento descubrió su piel y empezó a acariciarla. Ella gimió y se retorció para liberar los brazos del vestido. Cuando él empezó a pelear con la tira del sujetador, Dana sonrió y soltó el broche frontal sin más, dejándolo a un lado, pero no pudo evitar ver su expresión. Su cara estaba llena de deseo mientras le miraba los pechos desnudos. Por primera vez en su vida, se sintió orgullosa de su cuerpo, halagada por la reacción de un hombre al verlo.
Entonces levantó las caderas y se quitó el vestido, dejándolo a un lado. Sentada casi desnuda sobre la encimera de la cocina, empezó a temblar y no de frío, sino de deseo y ansiedad cuando él le acarició el pecho con un dedo y dibujo círculos en su pezón. Al acariciarlo, centró su atención en la respuesta de Dana, que enseguida arqueó la espalda y suplicó que la tocara más.
-Por favor-se oyó gemir- por favor, Marco...
Marco se mordió el labio y pasó de estar muy serio a reírse.
-Me gusta oírte suplicar-bromeó- creo que dejaré que lo hagas un rato.
-Oh, Marco, no me hagas esperar.
Y no lo hizo. Bajó la cabeza y empezó a lamerle el pezón. Ella estaba casi deshecha por la sensación de succión en el pezón y por ver su cabello negro contra su piel blanca y su boca sobre su pecho, que lo apretó más con las piernas. Sin poder contenerse, empezó a frotar su carne deseosa contra su erección.
-Ahora, Marco-gimió- por favor, ahora.
Él pareció ignorarla, porque siguió lamiéndole primero un pecho y después el otro, hasta que por fin la miró y le dijo, aún con un brillo bromista en la mirada.
-Dime qué quieres-ordenó.
-Quiero sentirte dentro, muy dentro.
Sujetándola con una mano por la espalda, bajó la otra por su vientre, le quitó las medias y volvió hasta la línea de las braguitas, que estaban húmedas de deseo por él, e introdujo un dedo bajo el elástico.
-Sé más específica.
-Estás disfrutando mucho con esto- casi gruñó ella.
-¡Espero que tú también!- rió él
-Ya sabes lo que quiero...-se le cortó la respiración al notar que él bajaba el dedo bajo las bragas para juguetear con su zona más sensible- te quiero dentro de mí. Follame, Marco
Sólo tuvo que pedírselo una vez. Con un brusco movimiento apartó su cadera de ella y Dana se bajó de la encimera, le desabotonó el pantalón y le bajó la cremallera para bajarle los pantalones y los calzoncillos a la vez. Al liberar su erección le temblaron las manos y tuvo que concentrarse en hacer movimientos suaves mientras lo sostenía con la mano. Cuando él empezó a gemir,se llevó su miembro lentamente a la boca, y empezó a lamerselo, despacio, usando la lengua, teniendo cuidado con los dientes. Podía sentir como Marco iba perdiendo el control hasta que la agarró suavemente de la cabeza, aquello la hizo desconcentrarse. Levantó la cabeza y le miró a los ojos. Él la agarró de los hombros y la hizo alzarse para después cogerla de las caderas y volver a subirla a la encimera. Le quitó las bragas a toda velocidad y las tiró a un lado. Con una mano en la mejilla y la otra en su cadera, Marco la llevó hasta el borde para entrar dentro de ella. Dana tembló al sentir que la penetraba completamente; gemía cada vez que la penetraba, levantando las caderas para aceptarlo más y más dentro. Entonces, sin salir de ella, la cogió en brazos y la llevó hasta la habitación, donde se tiró en la cama, de tal manera que ella quedó encima. Aquello era infinitamente mejor, subía y bajaba las caderas sintiendo toda su dureza dentro de ella, cada vez más rápido, mientras él se movía a su ritmo, sentía que iba a estallar de placer. Le miró a los ojos y vio el placer reflejado en ellos, se inclinó sobre él y le besó, Marco aprovechó para girarla y quedar encima de ella. le mordió el cuello mientras la penetraba por última vez antes de llegar al climax....
"Definitivamente- pensó Dana- si existe un cielo, tiene que ser esto"
Me encanta preciosa.
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