miércoles, 23 de marzo de 2016

Y las flores olvidaron sus colores

-¿No lo entiendes? Es muy simple: es solo sexo, tu quieres poseer mi cuerpo y yo el tuyo. Tu no quieres nada serio y yo tampoco.
-¿Y qué pasaría si yo no quisiese solo sexo?
-Es que no puedes pedir más, solo es sexo. Solo eso.
-Mientes y lo sabes. Sé tan bien como tu que te has enamorado de mi. Y alguien que ama la Inglaterra victoriana no puede conformarse solo con eso. Déjame ser tu caballero inglés y te juro que no te arrepentirás.
-Tienes razón. Te amo. En verdad, desde antes de empezar este juego. Puede incluso que deseara escuchar esas palabras pero lo que pides es imposible: los perfectos caballeros murieron hace mucho, entre novelas de Jane Austen y Emily Brontë
-¡Agh! ¡¿Por qué no me dejas intentarlo?!
-Porque ambos sabemos que solo buscas tu placer personal, ¿por qué estas palabras justo ahora? además un verdadero caballero no me empotraría contra la pared con esta rudeza ni me miraría como tu me miras.
-¿Como te miro?
-Me miras como a todas las chicas, como algo que sabes que vas a usar y a tirar. Porque tu eres así. Sí, lo eres aunque engañes a todo el mundo, porque podrás mentir y esconderte tras una máscara encantadora de "príncipe que salva a la doncella en apuros" pero el brillo de tus ojos no puedes ocultarlo.
-Muy bien, es cierto, soy un cabrón disfrazado de caballero. Pero eso a ti te gusta, no trates de negarlo ¿cuál es el problema?
- Que no es lo que busco.
-Entonces yo seré un mentiroso y un estafador pero eso te transforma a ti en una vulgar ramera.
-Por eso es solo sexo.

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