sábado, 17 de diciembre de 2011

Siempre nos quedará París

Hoy es otra tarde aburrida. Es otra tarde donde no tengo más plan que sentarme delante de la pantalla del ordenador mientras dejo que las horas pasen.
Estoy cansada de escuchar Nightwish o Rise Against, no es que no me gusten, es que simplemente hoy sus letras no me dicen nada. Tampoco tengo a nadie que me entretenga con una charla interesante. Ni siquiera están los pelmas que solo me piden sexo.
Tampoco tengo exámenes que preparar.
Me aburro.
Así que pongo un vals, subo a tope el volumen de los altavoces y me tumbo en la cama con los ojos cerrados. Es relajante. Las notas empiezan suaves, los violines son delicados, siempre he querido aprender a tocar el violín. Hay un golpe de música y sube la intensidad. Me imagino un elegante salón vienés, que derrocha elegancia y barroco por los cuatro costados, lleno de hombres con traje y máscaras y damas vestidas elegantemente con sus recargados vestidos y sus altos moños. Se saludan y comienzan a dar suaves vueltas en parejas, siguiendo el ritmo de la música.
Me imagino que yo también estoy en ese salón con un bonito vestido de época, ajustado al talle y con falda de vuelo. Me imagino un joven alto y enmascarado que me tiende su mano y comenzamos a bailar. Un paso adelante, paro, el otro, paro, giro. Y así todo el rato. La máscara del joven me habla de secretos que quiero conocer. La falda de mi vestido se mueve con cada paso, haciendome sentir ligera.
La música penetra por mis oídos, y recorre toda mi espina dorsal, damos tantas vueltas que el mundo se vuelve borroso, no puedo reprimir una leve sonrisa. Me gusta aquello. Siento que pertenezco a ello.
 La música da sus último coletazos y acaba con un golpe fuerte.
Al abrir los ojos lo único que veo es el techo de mi habitación y el vídeo del YouTube.
Esos tiempos pasaron hace ya mucho y yo estoy convencida de que he nacido en la época equivocada.

2 comentarios:

  1. Meredith también nació en la época equivocada. Y yo también :(

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  2. Para trasladar tu vida, rasgando el velo del tiempo, basta a veces con salir a la calle pensando que vives en el siglo IX. He comprobado, desde mi propia perspectiva que a menudo, cuando la gente hace lo que quiere, la gente lo sigue. Supongo que siempre habrá personas que querrán tocar el violín y seguirán quedandose estasiados escuchando con detalle a Maxim Venguerov. Y estarán tambíen aquellos que desean bailar un vals sin tener muy claros los pasos... Pero ¡basta ya! no hay derecho en que llegué un desconocido dando lecciones sobre sueños y fantochadas. Dejando este absurdo solo queda un punto que tratar... ¿Bailas?.

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