Caminaba sin un rumbo fijo bajo la lluvia. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas mientras intentaba ahogar los sollozos de su alma; nadie la miraba ¿a quién le importaba? A nadie. A nadie en absoluto le importaba el motivo de su llanto, a nadie le importaba que estuviese triste.
Lloraba porque se sentía como una flor en un sótano a la espera de una muerte solitaria.
Lloraba porque tampoco pedía mucho, todo lo que necesitaba eran algunas palabras simples de cariño, ¿de verdad era pedir tanto?
Pero a nadie, en absoluto, le importaba eso.
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