sábado, 4 de agosto de 2012

I won't let you destroy my faith nevermore

Estaba sentada en un rincón oscuro de la habitación, en el suelo, abrazándose las rodillas y dejando que sus demonios la devorasen lentamente por dentro.
Podía sentir el miedo corriendo dentro de ella, como veneno que la consumía y hacía que su locura fuera en aumento hasta estallar en una bola de ira, terror y adrenalina. La oía, le susurraba dulces y ponzoñosas palabras dentro de sus oídos; ella gritaba y se llevaba las manos a las sienes, tapando sus orejas, intentando no escuchar pero era en vano, todo sonaba con total claridad en su cabeza.
Se revolvía y se acurrucaba, intentando abrazarse entera, para crear un muro entre su cuerpo y la soledad de la sala pero era inútil, el abandono de la habitación se apoderaba de ella lentamente, el vaho escapaba entre sus agrietados labios y el frío mordía su piel haciéndola temblar.
No podía escapar.
Había suplicado y nadie había respondido a su llamada de socorro.

Las horas pasaban lentas, muy lentas y en su locura el tiempo se detuvo.
Agachó la cabeza y a sus pies encontró una flor que había conseguido nacer y crecer entre aquella desolación, la rodeó con sus manos y contempló la delicadeza de su belleza, "las flores marchitas son hermosas"- pensó y aplastó entre sus dedos aquella pequeña vida hasta que los pétalos se deprimieron, se secaron y empezaron a caer.
Así estaba definitivamente mejor, porque aquellos pétalos rosáceos eran efímeros, hoy eran jóvenes pero mañana se marchitarían, sus colores se volverían apagados, se arrugarían e irían cayendo uno a uno, en una lenta agonía de la cual la vida se reía.

Porque el mundo es capaz de la más vil traición.
Ella lo sabía.
No hay felicidad duradera.

La vida no era más que eso: una broma pesada que se reía de las desgracias humanas
Porque la vida no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido.
Es una historia natural de dolor y sufrimiento que se resumen así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo y después.... morir.












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