domingo, 20 de noviembre de 2011

... and God save the Queen

Un día creces y te das cuenta de que la vida no es como la pintan, no es ni de color rosa ni fácil. Ese día descubres que los Reyes Magos son los padres y que ya no nieva como antes porque nos estamos cargando en planeta. Peter Pan y el Nunca Jamás no existen.
Crecemos y nos damos cuenta de que la vida no es eso, la vida es caer y levantarse, y volverse a caer y volver a levantarse; la vida es alegrarse los viernes y joderse los lunes, y abrazarse a quien nos abrace y a quien no nos abrace pues no nos abrazamos y punto, y no pasa nada.

Esta desilusión nos hace más fuertes. Piel sobre piel es callo y ni duele ni quema.
Y dices: pues yo me quedo con mi Nunca Jamás y si alguien quiere algo pues que le deje el mensaje al Conejo Blanco que Alicia dejó escapar. Podrías irte, es cierto, pero cambiará todo cuando vuelvas. También podrías quedarte pero entonces queda dividida la razón entre dos frentes.
Así que cierras los ojos, das vueltas y te arrojas.
Si te equivocas siempre queda algo, parte del destino, la larga vereda de quedarse en vela las noches y de día soñar que los Hados nos brindan la chispa adecuada, ese golpe de suerte, esa oportunidad donde no sale nada mal.

Un día creces y te das cuenta de que no eres una princesita.
Así que rompes tus caros ropajes de tonos pastel, te calzas tus botas militares, te enchufas los cascos y sales a pisar fuerte por la vida.

Porque como dice el dicho: vive rápido, vive intensamente, muere joven y deja tras de ti un bonito cadáver.

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