La gente está más sola de lo que parece.
Yo misma me siento terriblemente sola, tanto que fingiendo que había quedado con unos amigos que hace siglos que no llaman me fui a dar un paseo. Sola, como siempre.
No sé por qué pero mis pasos acabaron llevándome hasta el cementerio de Villaobispo. Decidí entrar a saludar a la abuela, para que me perdonara lo mala nieta que era por ser tan mala hija. Estuve un buen rato disfrutando del silencio que allí había, la verdad es que me resulta un cementerio muy agradable, aunque es cierto que en los últimos años el crecimiento del pueblo y las casas que aparecen por las Lomas estropean mucho aquel paisaje, cuando decidí irme me di cuenta que había una señora mayor a unas lápidas de la mía y que estaba llorando. Se me partió el alma y me acerqué para consolarla, entre sollozos me contó que su marido había muerto hacia poco y que se sentía muy sola, porque no tenía a nadie. La di un beso en la mejilla y un abrazo y le dije que no debía estar triste, que era normal hecharles de menos, pero que si ella estaba triste él estaría triste y no podría descansar en paz, porque ellos nos cuidan y quieren vernos bien. Su marido estaba en el cielo cuidando de ella y era lo importante, no estaría sola porque le recordaría siempre.
Me dijo que ella también pensaba eso, que todos los días hablaba con él pero que seguía siendo muy duro.
Así que después de dejarla que se desahogara un poco le di otro beso y me fui.
Me fui porque sentía las lágrimas abrasando mis ojos.
Yo no soy como esa mujer, sí, ambas nos sentimos solas, pero es un tipo distinto de soledad, además ella era capaz de exteriorizar esa soledad, yo no soy capaz.
Acabé en la Candamia.
Para variar estaba llena, llena de gente de todas las edades y condiciones, gente que estaba disfrutando de una tarde tranquila de verano. Gente que parecía feliz.
Me tumbé en un rinconcito un poco más apartado, donde se estaba más tranquilo. Me abstraí tanto en mis pensamientos que los ruidos desaparecieron y todo se volvió azul celeste, como el cielo. Ahí me quedé, filosofando sobre la vida cuando un chico de mas o menos mi edad se acercó y me dijo "que piernas más bonitas, yo te las abría y te daba lo tuyo", mas que asco por semejante vulgaridad sentí pena por él porque sus palabras sonaron muertas, carentes de emoción. Seguramente él también se sienta solo....
Y es que hay un tipo de soledad, que es la peor y la más común de todas, que es aquella del que estando rodeado de gente se siente solo.
Es la soledad que sufro yo.
No la soledad física que sentía la pobre señora del cementerio.
Es una soledad psicológica.
De camino a casa me fui fijando en los rostros de la gente.
Vi caras cansadas, caras sudorosas, caras tristes y caras alegres, caras pensativas y caras inexpresivas, caras enfadadas, caras hambrientas, caras maquilladas, caras limpias, caras jóvenes y caras ancianas.
Muchos tipos de caras.
Y muchas de ellas (por no decir casi todas) me parecieron que sufrían soledad.
No sé si lo que estaba haciendo era expulsar mi propio sentimiento de soledad o es que realmente es un mal de esta sociedad egoísta, que solo piensa en uno mismo y en aparentar.
No lo sé.
Pero sé que la gente está más sola de lo que parece.
Y eso es muy triste
No puedo evitar sentirme un poco ofendida...
ResponderEliminarSabes q no va por ti
EliminarAdemás muchas veces estando rodeados de gente nos sentimos solos, pero se pasa rápido tranquila ^^