domingo, 7 de septiembre de 2014

Memories

Aquel fue nuestro verano ¿no lo recuerdas? ¿No recuerdas el lugar donde comenzó? Yo recuerdo como la luz de la vela arrancaba destellos dorados de tu pelo mientras fijabas, turbado, tus ojos en la fina taza de café que asías con ambas manos. Creo que nunca te había visto tan tierno. Parecías un niño al que acababan de reñir por alguna inocente travesura. En verdad eramos dos niños que jugaban a un juego que no comprendían. Yo te miraba. Bajaba la mirada. Tu me mirabas. Bajabas la mirada.
Me reí ¿Recuerdas la cara que pusiste? Era sorpresa con un mohín de desagrado. Pero sabes que no me reía de ti, me reía porque me sentía feliz.
Llevaba la camisa que te gustaba ¿recuerdas? Decías que el rojo resaltaba mi bonito pelo y mis enormes ojos pero sobre todo decías que me hacía parecer delicada y sensual a partes iguales. Por eso la llevaba.
No sé si lo recuerdas pero yo era feliz.
Aquel fue el verano en el que la conocimos.
Ella era pequeña, pero era un terremoto de alegría y humor ácido. Ardiente y fría como las dos caras del hielo. Imposible aburrirse con ella, era sal y era pimienta. Brillaba con luz propia ¿recuerdas como quedaste cegado por ella? ¿cómo no te iba a deslumbrar? Ella era valiente y decidida. Sabía lo que quería: te quería a ti. Ella no se mordía la lengua. Yo me callaba. Ella la arquitecta de su vida. Yo, la sepulturera de mis sueños.
Aquel verano acabó muy rápido ¿verdad? Cuando nos quisimos dar cuenta ya brillaba la luna llena de Septiembre y las noches eran frías. Pero no te acercaste a darme calor, no pasaste tu brazo por mis hombros para molestarme, como solías hacer. Deseé que lo hicieras. Pero te quedaste callado mirando el suelo, con las manos recogidas en el regazo.
Suspiré. La luz de la luna no puede competir contra el sol.
Sonreí. Dije que hacíais buena pareja.
Sonreíste. Lloré por dentro.
Aquel había sido nuestro verano pero el invierno, aquel largo invierno que comenzaba, era solo mio.



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